Château Côte de Baleau 2007
Publicado el 25/01/2011
Aleix, un compañero de trabajo, dijo el otro día que en los vinos hay mucho stoytelling.
Estoy bastante de acuerdo. Es fácil decir si un vino te gusta o no te gusta. Encontrar el sabor más ácido o dulce, un paso astringente o suave. Podemos ver si el tapón está en buen estado o no. Pero la capacidad de tomar un trago y determinar que en un bouqué dominan mirtilos o grosellas, eso, para muchos, es storytelling. Probablemente haya dos o tres narices en el mundo que puedan hacerlo. Pero para el resto de narices mortales, condenadas al dióxido de carbono de los automóviles y a inoportunas congestiones, es una quimera.
El storytelling de este Château Côte de Baleau Saint-Émilion Grand Cru de 2007 nada tiene que ver con notas de cata, pero me hizo pensar que sería el vino de mi vida. Nos lo regaló mi hermano Miquel por Navidad, con gran emoción. “Es el vino que bebíamos cuando éramos ricos”, dijo. Mi madre lo corroboró. Y ambos nos recomendaron a Cira y a mi buscar un momento especial. Siguiendo sus consejos dejamos la botella en una estantería y la miramos día tras día con la impaciencia de quien contempla un tesoro que va ganando valor. Hasta que el 21 de enero, casi un mes después, saltamos sobre ella sacacorchos en mano. La espera había llegado a su fin. Compramos dos entrecots de buey que servimos sangrantes, salteamos unos espárragos verdes, acompañamos con un poco de pan y tomamos un primer trago.
El vino es excelente pero demasiado suave. Un paso en boca sedoso y un sabor demasiado sutil para mi gusto. Ya es la segunda vez que un burdeos me parece un poco insulso. Se dejó beber, sí, como el agua, pero me faltó algo. Es verdad que en casa somos aficionados a priorats y otros caldos con carácter, que nos gustan los vinos potentes. Y también es verdad que el storytelling del vino nos puso unas expectativas altísimas. Pero, no sé… ¿será que soy muy lerdo para el vino? ¿Carezco de sensibilidad? ¿No capto la sutileza? Probablemente, no en vano una vez le dije a un enólogo que su vino me sabía a pegamento y a neumático quemado. Se lo tomó mal. Y yo lo dije, de verdad, como un cumplido. Pensando en los aromas a pegamento y neumático de los perfumes Comme des Garçons.
