Llevo días dándole vueltas a esta crónica, pensando cómo mejorar o qué añadir a la que publicó Xavier Agulló a principios de agosto en su blog. Conclusiones: Imposible enmendar la plana a Agulló. Modestamente, aportar mis notas. Encarecidamente, recomendarte la visita a Jamonísimo. La crónica, ahí va:

Al cruzar las puertas de Jamonísimo, impacto olfativo: en el aire flota el perfume de las piezas de ibérico que cuelgan tras el mostrador de la tienda. Yo, pasmado, oteo buscando los tres jamones de bellota sobre los que he leído en el blog de Xavier Agulló.

Ahí están: Salamanca, Extremadura y Andalucía. Tres ibéricos de ocho kilos cada uno cuyo impacto visual es parejo al experimentado por el capitán Achab al divisar por primera ver su ballena blanca. Comprendo en ese mismo instante que en esta tienda, aula, restaurante debo entregarme a una fruición sin límite.

Nos acompañan a nuestra mesa. Tomamos asiento, debatimos la jugada. Será una ensalada de frutos secos, patatas en texturas y huevo poché, huevos fritos con jamón ibérico y patatas fritas y un rabo de toro que nos recomiendan fuera de carta. Para beber, un Vall del Calàs del ’98, sabroso coupage tarraconense del mismo color que el jamón ibérico.

Llega Pedro Hernández, el propietario, estoy convencido de que es él. Dan ganas de felicitarle, de hablar con él para que me ilustre obre el jamón ibérico. Pero va con su hijo y se sienta a comer en una pequeña barra, discretamente. No molestar, no interrumpir. Otra cliente rompe la soledad de la sala. Parece una habitual, vecina de la zona: enjoyada, decadente, riquísima. El maitre la conoce bien, le canta la carta que ella no está dispuesta a leer. Pide fuera de carta. Se resistirá a denotar su complacencia, pero disfrutará de la comida.

Llegan las copas, salen los platos. Podría detenerme a describirlos, pero ni me apetece ni te interesa. La carta no engaña, los productos son excelentes, la técnica, perfecta, la presentación, destacable. Un poco justas las texturas de patata. Excelsa la melosidad del Rabo de Toro y su salsa; plato que, en pleno agosto, se convierte un reto digestivo que supero a duras penas, mea culpa¿Postres? Aunque los deseamos, nos abstenemos por prudencia, mi estómago ya no es el que era, otra vez será.

Pagamos con gusto los 80€ de la cuenta. Jamonísimo los merece.

Jamonísimo: Carrer de Muntaner 328, 932091562