Ayer hizo un día precioso en Barcelona. El cielo amaneció cubierto de nubes, descendió la temperatura y sopló una fresca brisa que después de haber atravesado el Vallés y vencido el parapeto del Tibidabo, llegó al mar para anteceder a un amable chubasco. El verano Condal, tan sobrevalorado como húmedo y pegajoso, está muriendo y llega, pasado mañana, el otoño. Yo, feliz, porque junto a la primavera y Navidad, el otoño es mi temporada favorita de cocina.

En fin, aprovechando el clima favorable, ayer cociné un arroz pre-otoñal, de conejo, seco y gratinado. Lo curioso es que usé un conejo que previamente (dos días antes) había rellenado de frutas –naranja, manzana y pera– y había cocinado al horno. Lo desosé y lo sofreí junto a unos ajos antes de nacarar el arroz y aromatizarlo con coñac. El resto, bien común, caldo de pollo y al horno. Fue un gusto comerlo acompañado de un Cap de Ruc rosado mientras veíamos llover desde el interior del salón.

La receta, después del clic.

La canción del post: Elis Regina – Águas De Março

—Arroz de Conejo a la Cazuela—

Ingredientes:

  1. 1 medida y media de caldo de pollo (o conejo) por cada medida de arroz. Para que te hagas una idea, yo usé 2 vasos de llenos de arroz y 3 de caldo para 2 personas. Sobró la mitad.
  2. Un conejo horneado, desosado y picado fino (para hornearlo simplemente salpimenté la pieza entera y la horneé a 180ºC sobre una rejilla de horno. Bueno, además había rellenado su tórax con fruta, pero te puedes saltar este paso).
  3. Cognac.
  4. Parmesano regianno u otro queso que te guste para gratinar.
  5. Aceite de oliva extra virgen, ajos (yo usé 3).

Preparación:

  1. Calentamos el horno a 200ºC.
  2. En una cazuela que pueda ir al horno, se calienta una medida abundante de aceite con los ajos sin pelar a fuego lento. La idea es que los ajos se vayan confitando y suelten su sabor. Puedes haberlos aplastado con la mano.
  3. Cuando la piel de los ajos empiece a dorarse, echamos el conejo, previamente horneado, deshuesado y picado fino a cuchillo. Cuando el animal esté doradito, los sacamos de la cazuela con una espumadera o una araña y reservamos.
  4. A continuación, echamos el arroz en el aceite que ha quedado en la cazuela y, sin dejar de remover, esperamos a que la superficie del grano vaya perdiendo su opacidad. El aspecto recuerda al del nácar y de ahí que a este proceso que sirve para que el arroz quede suelto –entre otras cosas–  se le llama anacarar. Cuando la superficie sea translúcida pero el grano aún conserve la opacidad del núcleo, estamos.
  5. Echamos un chorretón de coñac y esperamos que su aroma pierda caracter, señal de que el alcohol se ha evaporado.
  6. Mojamos con el caldo, añadimos el conejo de nuevo, tapamos y metemos en el horno.
  7. En teoría el arroz tarda unos 20 minutos pero a los 15, yo echaría un ojo. Cuando esté un poco más durito de como a ti te gusta, destapas, espolvoreas con queso y enciendes el gratinador hasta dorar.

Sugerencia de presentación:

Prepara un chubasco suave y cierra las ventanas. Luego sirve el arroz en el plato directamente de la cazuela y el vino, en las copas.