Los Hermanos López nunca ganarán una estrella Michelin ni aparecerán en las listas de mejores restaurantes del mundo. Jamás convertirán su local en fundación. Telefónica sólo les prestará atención cuando se atrasen en el pago de un recibo. Y, sin embargo, los Hermanos López, como los hermanos Adrià en su rutilante Tickets, se dedican al cada vez más ilustre negocio de las tapas.

Media de jamón y media de queso curado. Puro umami.


Lo hacen en la cuna de los Adrià, en pleno L’Hospitalet, pero su mercancía son las tapas de toda la vida. Tapas que aburrirían a sinapsis experienciadas, que diría Xavier Agulló, pero que están bien buenas. La mayor sofisticación, creo yo, humildemente, es la capacidad de apreciar y respetar a todos: a los Adrià y su magnífico trabajo como embajadores de nuestra gastronomía y dinamizadores mundiales de la creatividad culinaria, pero también a los anónimos López del mundo entero

“No quisiéramos acabar muriendo sobre una fuente inacabable de aburridas lentejas con chorizo.” Xavier Agulló

A mi me descubrió este bar –voy a decirlo y con respeto– manolo, el amigo de un amigo, una noche de hambre después de un Saló del Manga al que no asistí. Eramos un grupo numeroso, diez o doce comensales, y la sala, que relucía de aluminio, alicatado y marmóreo pavimento, estaba a rebosar. Aún y así, un camarero como la copa de un pino, formado por el trasiego del día a día, nos encontró un hueco. Volaron las cervezas y una selección de platillos y raciones elegidas por el fulgurante servicio.

Más o menos siempre ha sido así. Cuando llegas, raramente encuentras sitio disponible y raramente eliges lo que comerás. Pero te sientas y comes, y comes bastante bien (a excepción de un fatal pan con tomate, todo hay que decirlo).

Siento afinidad por este local. Recuerdo con especial cariño una conversación con la cocinera, que terminado el servicio se sentó a cenar en la mesa contigua a la nuestra. Nos contó sobre el arte de guisar caracoles y cocer casquería. Y su desmoronado cerco dental dejaba escapar contagiosas sonrisas.

En fin, lo maravilloso de vivir en una ciudad como Barcelona, y tener al lado una ciudad maravillosa como L’Hospitalet, es que un día te das el lujo y vas al Tickets y te quedas boquiabierto, pero otro día tu mood y bolsillo están más en sintonía con la coyuntura, y tienes un Hermanos López al que acudir.

Gracias a Dios.